De paso por ZonaLúdica 2018 con los peques

Pues ahí que nos fuimos el sábado como unos valientes!!! Conseguimos salir de casa a las 11:02 (sólo 2 minutos después de la hora propuesta) y conseguimos salir, que es muy importante ya que a los últimos 3 eventos de este tipo que lo intentamos, siempre hubo un peque en urgencias.

Llegamos y saludamos a algún conocido donde mi pequeña se encontró con una amiga del barrio y se fueron a jugar con las mamis a lo que yo llamo “la sala HABA”. Mientras, me quedaba a cargo de las identificaciones.

Una vez listo esto, aproveché un salto a conocer al ínclito Daniel (@tdenaranja en su versión becario) que me agració con su consabida tarjeta de visita (que en una segunda visita conseguí que me firmara 🙂 ).

También conocí a Paz, a la cual estaba empezando a conocer por twitter (@PaznmP) y que energía maneja esta mujer!!! tiene que ser muy interesante charlar tranquilamente con ella.

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No pude estar mucho más por que el pequeño que llevaba encima quería libertad, así que volvimos al campamento base (AKA sala HABA) y ahí seguimos hasta el almuerzo.

Como buenos visitantes nos fuimos a comer a la zona del camping (creo que fuimos los únicos en usarla) y disfrutamos de una comida de campo los papis con los peques, algo que no esperaba encontrarme y dio mucho más valor al día.

Finalmente hicimos algo de tiempo hasta la nueva apertura de la sala de juegos y ya echamos un rato final, no sin antes pillar por los pelos al también grande Manu Sánchez (@manuparadas) que me firmó un Monster Kit y algo que agradecí mucho, se interesó por como lo jugaba la pequeña (algo que dice mucho de él).

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Y sí… hace años me iba con algún amigo y estaba allí a las 9:30 de la mañana y me volvía al cierre mientras jugaba torneos y todo lo que se pusiera delante, y en cambio este año he estado algo más de 5 horas y sólo he jugado juegos infantiles (el del conejo y las zanahoras, looping louie, monos locos, crazy coconuts… y muchas veces cada uno xD) y aunque tengo ganas de ir como en los viejos tiempos (por la temática de los juegos, no por la compañía) este año ha sido tan perfecto como lo fueron aquellos de juventud.

Eso sí, tengo el mismo anhelo, que es ir algún año con habitación 🙂

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Paresia, lo que era

Alguna vez he intentado enfrentar a este post y nunca he conseguido echarlo a andar, pero creo que ya es el momento.
Al principio quise hacerlo pero veía tantas situaciones de gente que sigo en las redes (y de alguna forma se me hacen cercanas) y son en realidad peores que no me atreví a escribirlo, además reconozco que no lo tenía muy asumido.
Al hacer el año quise hacerlo por que ya lo había superado yo, pero siempre estaba Sandman ahí cuando yo quería escribir (en los pocos ratos que puedes) y era muy difícil escribir 2 frases con coherencia.
Ahora, que tiene un año y medio creo que no es mal momento, aunque si antes me hubiera venido bien a mi soltarlo (que ya no me hace falta) creo que puede venirle bien a alguien leerlo.
La situación es que Mario (mí MiniMario) tiene una paresia facial. Todo comenzó a las pocas horas del parto… Yo veía que mi retoño hacía un gesto raro al llorar y al bostezar, reconozcamos que poco más hacen en las primeras horas, pero tampoco sabía lo que era y como el parto había ido bien… no había de lo que preocuparse.
A los pocos días ya tuvimos una cita en la Seguirdad Social y la doctora detectó algo… nos dijo que parecía tener una parálisis pero que no nos preocupáramos que parecía sólo lateral (si es central podría ser algo cerebral) y nos mandó una eco del cerebro para descartar y cita para el neurólogo.
Pues allá fuimos (con una pelea en recepción por que como podía ser que la doctora le hubiera mandado una cita al niño que aún no tenía tramitado no-se-qué de la tarjeta de Seguirdad Social… no recuerdo ya, pero acabamos con las citas necesarias y en el hospital). Claro, tu vas con tu problema (y tus cientos de miedos) y te encuentras una sala de espera que imponía respeto, mucho respeto. Veías a niños que realmente estaban mal (y tu cruzabas los dedos por que lo de tu pequeño no fuera nada cerebral), y aguantamos los nervios, el tipo e intentabas que la mamá no le diera vueltas (mucho más enrevesadas) de las que ya le estabas dando tú.
Al final de la ecografía, la encargada de la máquina obviamente no quería dar un veredicto, pero en nuestros apuramientos de primerizos conseguimos un “parece estar bien pero es el neurólogo el que tiene que revisarlo” (que nosotros agradecimos) y seguidamente fuimos a la sala de espera del neurólogo. La cita del neurólogo fue una revisión, comentarnos que la eco se veía bien y que podría ser una falta de un músculo o nervioso y que la prueba para saber lo que podía ser era muy dolorosa, así que mejor dejar correr el tiempo. Si era muscular no había solución y si era nerviosa, con los meses se debía notar mejoría (que podría ser algo como Rambo y que aprendería a sonreir de forma que no se le notara).
Pasó el tiempo y no había mejoría. MiniMario por suerte mamaba, cogía el chupete y lloraba como cualquier niño, aunque sí tenía un desvío pronunciado en la nariz y algo en la comisura de la boca, algo que se notaba mucho más en el reflejo del espejo. Pero claro, un niño pequeño cuando llora… llora! y se le notaba mucho, y entonces llegaron muchas preocupaciones (sobre todo por mi parte, o al menos yo las exponía) debido a la impotencia de no poder hacer nada excepto masajes (dibujando con los dedos 500 veces un circulito en la zona afectada cada día) y esperar… y entonces piensas que igual no come bien más adelante, que se meterán con él en el colegio, que no tendrá pareja, que no será feliz, que habrá que hacerlo fuerte ante las burlas y lloras y desahogas, y aclaras ojos e ideas y te das cuenta que bueno… que podría haber sido peor, que es muy guapo y simpático, que todo seguro no es nada al final, que ya aprenderéis juntos… y así echas una temporada con “comederos” de cabeza cada vez más espaciados, a los que hay que sumar “no se salen los dientes ¿será por esto?”, “los dientes le han salido doblados ¿es por esto?”, “moquea mucho ¿es por esto?”… a lo que la pediatra siempre nos decía que no tenía que afectarle para nada.
Y siguió pasando el tiempo, y te das cuenta de todos los actores que le pasa eso, parece que adquieres un jodido don para detectarlo en la calle y en compañeros de trabajo. Incluso ves a gente que sonríe de una forma especialmente atractiva y es provocado por el mismo motivo por el que tú te estás preocupando.
Entonces llegó un punto en el que ya no lo ves tan mal, sabes que está ahí pero que no le afectará, sabes que igual se meterán con el pero le enseñarás a defenderse y total… si no es por eso sería por otra cosa, sabes que todo irá normal (que muchas veces es lo que cualquiera pide).
Y en la actualidad pues tenemos a MiniMario, que si te fijas mucho se le nota y si llora o ríe muy fuerte se le nota y sí… el chupete lo lleva algo torcido… pero es un niño normal, así que no puedes pedir más.
Personalmente me siento mal al pensar el tiempo que tardé en aceptar el problema, aunque siga rondándome la idea de que cuando sea más consciente haré lo posible por que “eduquemos” los músculos de la zona en suplir la carencia que tiene.
Y aquí acaba este post que va sin edulcorar y apenas sin revisión donde quise contar/soltar lo que nos ha ocurrido.
P.S.: Quería dejar constancia de que sé que lo contado aquí puede resultar trivial y “tonto” para algunas situaciones/enfermedades realmente peores, pero quería contar mi situación.